Postal del miércoles 21/12 a la mañana

Fue de casualidad... yo no tenía pensado salir de mi cubil-laboral. Un llamado, una emergencia, venite-ya!, justo ahora que están pasando esta canción que tanto me gusta!!
Salí, como alma que lleva el Diablo, calle abajo, bordeando el cementerio. Caminé apuradísima, agradeciendo que fueran las 9:30 en la mañana y no hiciera tanto calor.
Y cuando cumplí mi misión, tranquila, inicié la vuelta. Abrí los ojos para ver mejor esta mañana de verano... la vereda del cementerio es tan agradable! Tranquila, limpia, arbolada... un placer. Los pajaritos vienen y van, igual que los gatos, cada uno en sus asuntos, disfrutando el solcito. Al cruzar frente al imponente portón de entrada, no pude resistir la tentación de mirar hacia adentro.. y ahí lo ví.
Pantalón de lino blanco; camisa manga corta a rayas azules impecable; sombrero blanco y bastón de madera. De espaldas, de edad imposible, paseando tranquilamente por los caminos internos del cementerio, el sol bañando su figura, y mi imaginación desplegando sus alas y pensando que a lo mejor este abuelo viene de visita, a darle el buenos días a la hermosa mujer que lo acompañó... 50, 60 años de su vida; aquella que un buen día se durmió para no despertar. Y entonces, a pesar de todo, él se sigue levantando temprano todas las mañanas, y prepara el mate y lee el diario, le da de comer al canario que ella tenía, riega las plantas y luego se va al cementerio, se toma el 60 y baja en la puerta, la atraviesa ya sin llanto, ya sin pena, solo un poco de cansancio porque estos huesos duelen una barbaridad y ahí va Don Pascual, como todas las mañanas, a darle el buenos días a su señora, le limpia la tumba, le cambia las flores... y piensa, amor mío, te extraño tanto, se marchitó la hortensia, no hubo nada que hacer, los chicos están tan grandes, ahora que se acerca la navidad no se que regalarles, a vos siempre se te ocurría algo, viejita, encima son bastantes, me parece que voy a pasar las fiestas en lo de Dorita, Marcelo no confirmó si venía, pobre hijo mío trabaja tanto y no lo ascienden, las cosas eran diferentes entonces, amiga mía, te enteraste que se murió el pobre Julio? También, con lo que sufrió con ese hijo ...
Y la charla continúa, un buen rato, porque Pascual extraña a su vieja, y a eso de las 10:30 se despide hasta mañana, suelta alguna que otra lagrimita, y se va a cocinarse un bife, a llamarla a Dorita porque se quedó sin remedios, a dormir la siesta sentado en el sillón del hall al amparo del canario y a esperar, esperar que un día no despierte para así abrir los ojos y verla a la vieja sonriendo, allá, tranquila y hermos, donde los huesos ya no van a doler mas.

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