Adicciones
Me duele orgullo... no puedo aliviarlo... te veo ahí, sentado, discutiendo con ella. Veo que tus ojos la miran tratando de aprehenderla.
Yo estoy sentada a tu lado, disimulada entre el cigarrillo y las cervezas, escondida entre la charla del resto, tratando de ahogar el grito que se me escapa y se fuga hacia mi mano, esa misma mano fría que se apoya sobre tu brazo, se aferra y se niega a dejarte ir. Esa misma mano que ahora estás ignorando, por más fría que esté. Esa misma mano que no querés que te tome.
Y el orgullo aulla dentro del alma, y entonces la mano se aleja llorando, se posa sobre el vaso, el cenicero, la mesa, ya no tiene importancia. Miro al vacío, sin dejar de sentir tu presencia, y me pregunto si todas las adicciones serán así, si será verdad que cuanto más ariscas y dañinas, mas las desea uno. Si es verdad que la ausencia de ellas duele en la piel como vos me dolés a mí, sentado ahí, a una silla de distancia, a dos abismos de lejanía, tendiendo puentes hacia una nada bellísima de ojos azules.
Que pena mi vocación de fantasma. Quisiera saber cuanto tengo que pagar para lograr que te alejes definitivamente. Quisiera saber como es la experiencia de la desintoxicación. Pero no puedo, soy cobarde, soy obstinada, soy adicta hasta la estupidez, y solo puedo pensar que quiero verte tender puentes hasta esta nada común y corriente de ojos marrones.
Yo estoy sentada a tu lado, disimulada entre el cigarrillo y las cervezas, escondida entre la charla del resto, tratando de ahogar el grito que se me escapa y se fuga hacia mi mano, esa misma mano fría que se apoya sobre tu brazo, se aferra y se niega a dejarte ir. Esa misma mano que ahora estás ignorando, por más fría que esté. Esa misma mano que no querés que te tome.
Y el orgullo aulla dentro del alma, y entonces la mano se aleja llorando, se posa sobre el vaso, el cenicero, la mesa, ya no tiene importancia. Miro al vacío, sin dejar de sentir tu presencia, y me pregunto si todas las adicciones serán así, si será verdad que cuanto más ariscas y dañinas, mas las desea uno. Si es verdad que la ausencia de ellas duele en la piel como vos me dolés a mí, sentado ahí, a una silla de distancia, a dos abismos de lejanía, tendiendo puentes hacia una nada bellísima de ojos azules.
Que pena mi vocación de fantasma. Quisiera saber cuanto tengo que pagar para lograr que te alejes definitivamente. Quisiera saber como es la experiencia de la desintoxicación. Pero no puedo, soy cobarde, soy obstinada, soy adicta hasta la estupidez, y solo puedo pensar que quiero verte tender puentes hasta esta nada común y corriente de ojos marrones.

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